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¿Cómo haces que un espacio tenga algo que decir?
© Fotografía: Maye Ruiz

¿Cómo haces que un espacio tenga algo que decir?

¿Qué hace que un espacio tenga alma? Maye Ruiz revela cómo la escucha, el contexto, el color y la identidad pueden transformar un proyecto de interiorismo en una experiencia capaz de contar su propia historia.

POR Editorial
6 octubre de 2026

Un espacio puede ser bello, funcional y cumplir con todas las reglas del buen diseño. Y aun así, no decirte nada. Maye Ruiz, fundadora de Maye Estudio, busca precisamente aquello que le da identidad, “el corazón de un proyecto, el alma de un proyecto”. ¿Cómo encontrarlo? Su experiencia apunta a algo que puede resultar poco intuitivo cuando tu trabajo consiste en proponer: primero tienes que escuchar.

“Siempre queremos decir, queremos resolver, queremos proponer”, reconoce Maye. Con los años, su proceso cambió: “He aprendido que lo más importante al empezar un proyecto es escuchar”.

Primero escucha al lugar. En Casa Coa, en San Miguel de Allende, encontró serpientes en jaladeras y otros elementos de la casa. En vez de eliminarlas, siguió la pista: terminaron inspirando nuevas piezas, curvas e incluso el nombre del proyecto.

“Cuando un espacio te da unas pistas así de claras, sería como un pecado no escucharlas”.

Después escucha a quien lo habita. Al trabajar con la mixóloga Fabiola Padilla en Bekeb, Maye encontró que el espacio no decía algo claro sobre ella: “Si yo no la hubiera conocido, no habría pensado que ella usaba botas y sombrero”. La historia de Fabiola y sus raíces en Los Altos de Jalisco se convirtieron entonces en materia de diseño.

Antes de preguntarte qué quieres llevar tú al proyecto, descubre qué te están dando ya el lugar y las personas.

Busca identidad, no atemporalidad

“Quiero algo atemporal” es una petición que Maye escucha con frecuencia. Ella propone otra aspiración: “No hay que tenerle miedo al tiempo, hay que tenerle miedo a la falta de identidad”.

Un proyecto va a envejecer. La pregunta es qué permanecerá cuando lo haga. Por eso, mirar al pasado tampoco significa copiarlo. Maye Ruiz ha realizado un exhaustivo estudio de las cocinas tradicionales mexicanas, pero con una intención clara: “La quiero traer al 2026, quiero buscarle, quiero darle la vuelta, quiero rascarle, quiero remasterizar”. Puedes reconocer de dónde viene una referencia y aun así hacer algo nuevo con ella.

Encuentra tus propias obsesiones

Maye propone un ejercicio: piensa en aquello que te obsesiona. Pero olvida por un momento al diseñador que admiras o las imágenes que guardaste en Pinterest.

“Piensen cuáles son sus obsesiones [...] sus obsesiones que no tienen nada que ver, entre comillas, con el diseño”.

La suya son las monjas, los conventos y el barroco. Esa fascinación terminó alimentando su colaboración con IKEA en Milán, donde conectó la creatividad de las mujeres novohispanas, la cocina conventual, la artesanía mexicana y el mobiliario contemporáneo.

Tus mejores referencias quizá tampoco estén en una revista de interiores. Busca aquello que conoces, recuerdas o no puedes dejar de mirar.

Si vas a hablar de México, que sea específico

Para Maye, decir simplemente “inspirado en México” no basta. “Hay muchos Méxicos. De Jalisco a la CDMX a la playa de Oaxaca, a las pirámides prehispánicas o a los Juegos Olímpicos del 68. Se trata de una cultura tan rica que se puede ser específico y se puede ser contextual. Por ejemplo, en Casa Arca, en San Miguel de Allende, el cliente quería jaguares. Maye respondió: “No, es que no hay jaguares en Guanajuato”. El proyecto incorporó fauna y artesanía vinculadas con su región.

Años después, el mismo concepto debía llegar a Playa del Carmen. Tampoco lo copiaron y ahí añadieron alusiones a la fauna tropical: “El contexto no se copia, se reinterpreta”, comenta. 

La pregunta fue: “¿Qué hubiera pasado si Isaac Cohen, en lugar de llegar a San Miguel de Allende, hubiera llegado a Playa del Carmen?”. Ahora sí aparecieron la selva, los jaguares y referencias mayas. Incluso el mobiliario cambió: “Este es un lugar de vacaciones, entonces queremos que los muebles estén en pijama también”.

Si tu concepto puede trasladarse intacto a cualquier lugar, quizá todavía no pertenece realmente al proyecto.

Decide qué quieres hacer sentir

El color es una de las herramientas más reconocibles del trabajo de Maye Ruiz, pero no parte simplemente de qué combinación le gusta. “Este espacio, ¿qué me provoca? ¿Qué emoción quiero transmitir?”, se pregunta. 

En un proyecto buscó nostalgia; en otro, suspenso; en otro, deseo. “El color para mí no es un capricho, es una necesidad. [...] Es mi herramienta para transmitir emociones”.

Haz el ejercicio al revés: primero define qué quieres provocar y después elige los colores, muebles, materiales e iluminación que pueden conseguirlo.

Dale al proyecto algo que contar

Maye Ruiz utiliza referencias de múltiples funetas así como el trabajo de otros creativos. Su recomendación es mezclarlos, buscar relaciones inesperadas y “conectar lo contradictorio”.

Porque construir un lenguaje propio no significa diseñar sin referencias. Significa conseguir que cada una pase por el lugar, la persona y tu propia mirada antes de convertirse en una decisión.

Al final, Maye deja una pregunta: “¿Qué hace que un espacio tenga alma?” Para tu próximo proyecto puedes empezar a responderla buscando identidad y preguntándote qué tiene ese espacio que contar y qué lenguaje vas a construir para que podamos escucharlo.

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Crédito material visual: Maye

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