El Yakisugi, o termo quemado, es una técnica tradicional japonesa que consiste en carbonizar la superficie de la madera para mejorar su durabilidad y estética. El resultado es un material único, resistente a la intemperie y visualmente impactante.
La técnica se utilizaba tradicionalmente para tratar los revestimientos de cedro de casas y edificios, protegiéndolos de los insectos, la podredumbre y los elementos. El proceso consiste en quemar la madera cuidadosamente hasta que la superficie adquiere un aspecto carbonizado y ennegrecido. El nivel de carbonización puede variar, dando lugar a diferentes texturas y efectos visuales.
Aunque el cedro es una elección común para el Yakisugi, también pueden utilizarse otras especies como el ciprés y el pino. Las propiedades inherentes a estas maderas las hacen idóneas para el proceso de carbonización, mejorando su resistencia a la descomposición y a la intemperie.
La carbonización de la madera crea una capa de carbón que actúa como barrera natural contra la humedad, los insectos y la putrefacción. El resultado de este proceso es una madera más duradera y menos propensa a sufrir daños por factores ambientales.
Esta técnica ha ganado popularidad a nivel internacional como acabado deseable para diversos proyectos arquitectónicos y de diseño. Se utiliza en una amplia gama de aplicaciones, como revestimientos exteriores, paneles interiores, muebles e instalaciones artísticas.
Colaboración entre el diseñador Iker Farga y Bosquejo Studio.
La superficie carbonizada crea un contraste entre el exterior oscurecido y el color natural de la madera subyacente. Este aspecto único resalta en diversos proyectos de la arquitectura y el diseño contemporáneos. Tal es el caso del gallinero de Casa Wabi diseñado por el arquitecto japonés Kengo Kuma como parte integral de este proyecto ubicado en la costa oaxaqueña. Está compuesto por un sistema entrelazado de tablas carbonizadas que permite la permeabilidad y un flujo constante de ventilación.
Woodzain es una empresa especializada en el desarrollo y la elaboración de madera carbonizada para los acabados arquitectónicos. En este caso se emplea el método tradicional japonés Shou Sugi Ban desarrollando atributos en la madera para mayor durabilidad y de un mantenimiento nulo en su coste.
Se le considera una práctica sostenible, ya que puede prolongar la vida útil de la madera y reducir la necesidad de tratamientos químicos. Además, el proceso de carbonización hace que la madera sea resistente al fuego, lo que añade otra capa de seguridad. Por esta razón requiere relativamente poco mantenimiento. La superficie carbonizada protege contra los elementos y la madera desarrolla una pátina natural con el tiempo.
Algunos diseños pueden incluir acabado con aceites naturales para mejorar su longevidad y apariencia. Por ello, esta técnica se ha convertido no sólo en un método práctico para conservar la madera, sino también en un símbolo de artesanía y una conexión con el diseño tradicional japonés.
Su combinación única de funcionalidad y estética lo ha convertido en una técnica muy solicitada en proyectos de arquitectura y diseño contemporáneos de todo el mundo.
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