El proyecto Mictlán de Robert Marinelli transforma muebles en esculturas simbólicas, combinando técnicas del arte popular con mitologías mexicanas. Cada pieza narra historias y materializa tradiciones, explorando cómo el diseño contemporáneo puede reconectar con lo espiritual y lo ritual.
El siglo XXI ha devuelto a los objetos un campo de lectura que nunca desapareció del todo: el simbólico. Lo que antes se consideraba residuo mítico o decorativo ha vuelto como lenguaje estructural. El diseño actual no solo se pregunta por la forma o la usabilidad, sino por los sistemas de significado que los materiales, los gestos y las tradiciones activan en cada pieza.
El retorno de lo simbólico no implica nostalgia ni folclor. Se trata de un giro epistémico: comprender que los objetos pueden pensar el mundo, no solo representarlo. En América Latina, y particularmente en México, esta reaparición del mito y del rito se vincula con la necesidad de reconectar con la materialidad espiritual de los objetos, con su potencia narrativa.

Entre ejemplos recientes, la colección Mictlán del diseñador Robert Marinelli funciona como caso de estudio. Concebida y producida en México junto a artesanos locales, la serie toma como punto de partida la figura de Cihuacóatl, diosa madre y creadora de la humanidad en la cosmovisión mexica. Según el mito, tras atravesar los nueve niveles del inframundo, Cihuacóatl molió los huesos de los antiguos habitantes de la tierra para devolverles la vida. Marinelli reinterpreta este relato no como cita iconográfica, sino como estructura conceptual: la transformación de la materia como metáfora del acto creativo.

En lugar de partir de materiales nobles o industriales, las piezas: muebles-escultura elaborados con fibras naturales, papel reciclado y cartonería reforzada con resina, recuperan técnicas derivadas del arte popular. La textura remite al hueso, al polvo, al paso del tiempo. “No busco perfección, ha explicado Marinelli, busco evidencia: la huella de quien hizo el objeto y de lo que lo transformó en el proceso.” Esa afirmación revela un cambio de paradigma: la estética del acabado cede paso a una poética de la transformación.
Mictlán comparte esta sensibilidad con una generación de diseñadores y estudios que trabajan desde lo simbólico y lo territorial. En México, nombres como Estudio Pomelo o Barón y Vicario también recurren a mitologías locales, materiales primarios y procesos ritualizados para articular discursos contemporáneos. No se trata de reproducir iconografías prehispánicas, sino de activar lo que esas historias contenían: una relación entre cuerpo, materia y entorno.
El caso de Marinelli resulta significativo porque procede de un contexto foráneo que elige insertarse en una tradición artesanal mesoamericana desde la colaboración, no la apropiación. Su método se basa en la conversación con los talleres: dejar que la mano del artesano y la resistencia de los materiales conduzcan la forma. Esa escucha, más que la referencia mitológica, es lo que convierte a Mictlán en una colección contemporánea.

El resurgimiento de lo mitológico en el diseño podría entenderse, entonces, como un intento de restaurar la dimensión espiritual de la materia. Frente a la digitalización absoluta, los objetos vuelven a contener tiempo, error y desgaste. La imperfección se vuelve signo; el proceso, narración. En lugar de imitar la naturaleza, el diseño la traduce.
En este contexto, hablar de simbología no significa volver al pasado, sino pensar el presente a través de arquetipos materiales: el fuego, la tierra, el agua, el cuerpo, el ciclo. Las piezas de Mictlán funcionan como mediaciones táctiles entre mundos: entre lo artesanal y lo tecnológico, entre lo ritual y lo doméstico. Son objetos que proponen una experiencia de habitar vinculada a la memoria y a la transformación.

Más allá de su autor, el proyecto invita a reconsiderar el lugar del mito en la práctica contemporánea. En una disciplina que históricamente se pensó racional y secular, el mito regresa como herramienta de especulación. No como evasión, sino como método crítico: diseñar no solo para resolver necesidades, sino para formular preguntas sobre origen, identidad y permanencia.
El mito de Cihuacóatl, reinterpretado por Marinelli y los artesanos que colaboran con él, condensa esta búsqueda: cómo volver a generar vida a partir de lo que ya existe. En esa operación: moler los huesos del pasado para crear algo nuevo, se reconoce el gesto fundamental de todo diseño.

Crédito material visual: Robert Marinelli Design
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