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Orden Salvaje de Rocío Sáenz: Paisajes para un país herido
© Fotografía: Rocío Sáenz

Orden Salvaje de Rocío Sáenz: Paisajes para un país herido

La exposición Orden salvaje de Rocío Sáenz en el Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara construye paisajes visuales donde belleza y violencia conviven. A través de más de 60 piezas, la artista reflexiona sobre desapariciones, memoria y los “otros” en México. Un recorrido que utiliza la imaginación y el simbolismo para cuestionar la realidad del país

POR Editorial
8 marzo de 2026

En una ciudad como c -donde el diseño, la arquitectura y las artes visuales dialogan constantemente- el arte contemporáneo funge como termómetro social que revela las tensiones profundas de la realidad que habitamos.

La exposición Orden salvaje, de la artista Rocío Sáenz, actualmente en exhibición en el Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara (MUSA) muestra a través de más de sesenta piezas entre pintura, cerámica, fotografía intervenida y dibujo; un universo visual donde conviven la belleza y la violencia, la imaginación y la denuncia, el caos y la esperanza.

Presentada en el marco de una escena cultural particularmente activa en Guadalajara -y coincidiendo con la conmemoración del Día Internacional de la Mujer- la muestra se lee como un comentario incisivo sobre el México actual.

El recorrido de la exposición inicia con un gesto simbólico: un portal vegetal que invita a ingresar a un mundo distinto. Plantas de gran formato crean un umbral sensorial que separa la sala del museo de la realidad cotidiana.

Sin embargo, ese universo que se abre frente al visitante no es escapista en el sentido simple. Los paisajes de Sáenz son vibrantes, coloridos, casi hipnóticos, pero dentro de ellos aparecen elementos perturbadores: cuerpos fragmentados, fosas, símbolos orgánicos mutantes, figuras diminutas que parecen perderse entre los trazos.

La artista describe el origen conceptual de la serie con claridad:

“Los puntos recurrentes de esta obra podrían ser el caos, la violencia, la construcción a partir de la muerte, la frontera y ‘los otros’.”

Ese concepto de “los otros” es central en el proyecto general del que surge la exposición, La pradera de los otros, una investigación artística dedicada a visibilizar a quienes quedan fuera del relato dominante: peatones, personas criminalizadas, víctimas de abusos o comunidades silenciadas.

“Tiene que ver con darle voz a los sin voz… desde las personas criminalizadas o abusadas hasta la sociedad manipulada por los líderes políticos.”

El resultado son paisajes imposibles, escenas oníricas donde lo aparentemente bucólico se mezcla con la violencia estructural que atraviesa el país.

Pintar el horror sin repetirlo

Uno de los aspectos más interesantes de Orden salvaje es que evita el tono panfletario que muchas veces caracteriza al arte político.

Sáenz es consciente de que la sociedad mexicana convive diariamente con imágenes explícitas de violencia.

“No me interesa hacer una obra panfletaria… todos los días estamos llenos de información muy clara, muy cruda, muy agresiva.”

En lugar de reproducir ese lenguaje directo, su trabajo lo transforma en una poética visual. Las referencias a la violencia aparecen mediadas por símbolos, metáforas y asociaciones aparentemente absurdas que el espectador debe descifrar.

La artista describe su método como una especie de decantación de experiencias:

“Decodifico cosas del exterior, las mezclo y se van decantando en las diferentes piezas.”

Esa estrategia permite que cada obra funcione como un campo de interpretaciones abiertas. Las composiciones no narran una historia lineal: generan atmósferas donde el espectador completa el sentido.

Desaparecidos: el vacío como presencia

En el contexto mexicano, una de las dimensiones más dolorosas del proyecto aparece en las obras relacionadas con las personas desaparecidas.

Sáenz aborda este tema a partir de una experiencia personal que ocurrió durante la producción de la serie: la desaparición del hijo de una amiga cercana.

La artista participó en las marchas y acompañó el proceso de búsqueda. De esa experiencia surge la pieza Búscame dentro, concebida como una especie de jardín estelar que funciona como portal simbólico.

“Es un espacio en donde tú puedas entrar y comunicarte con aquella persona que no pudiste volver a ver.”

La obra se convierte en una ofrenda colectiva para las miles de personas desaparecidas en México y para las familias que continúan buscándolas. En lugar de representar el horror de forma directa, la pieza crea un espacio de duelo y memoria.

Arte, imaginación y resistencia

Más allá de la denuncia, la exposición también propone algo menos evidente: reivindicar la imaginación como forma de resistencia.

Para Sáenz, el arte abre un espacio donde es posible pensar de otra manera.

“Me interesa conectar con el espectador a través de la imaginación y deshacernos de tanta censura.”

Por eso muchas de sus obras operan como trampas visuales. El espectador se acerca atraído por la armonía del color o por la composición abstracta, y poco a poco descubre que dentro de ese paisaje aparentemente sereno se esconden tensiones más profundas.

La artista describe esa estrategia como un juego entre atracción y perturbación: primero aparece la belleza; luego surge la inquietud.

Un territorio creativo que cuestiona

Que una exposición como Orden salvaje se presente en Guadalajara no es casual. La ciudad se ha consolidado en los últimos años como uno de los polos culturales más activos del país, donde conviven la industria creativa, el diseño, la arquitectura y las artes visuales.

En ese contexto, el MUSA se ha convertido en un espacio clave para proyectos curatoriales que abordan problemáticas contemporáneas.

La obra de Rocío Sáenz se inserta precisamente en esa tradición: utilizar el arte para mirar de frente las contradicciones del presente.

Porque si algo deja claro Orden salvaje es que el arte no necesariamente resuelve las crisis de una sociedad, pero sí puede ofrecer algo igual de valioso: un espacio para pensarlas, sentirlas y, quizá, imaginarlas de otra manera.

Crédito material visual: Rocío Sáenz

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