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Por qué el diseño en colectivo deja huella
© Fotografía: Liliana Ovalle

Por qué el diseño en colectivo deja huella

El diseño en colectivo deja huella cuando conecta proceso, contexto y personas. Liliana Ovalle muestra cómo la colaboración con artesanas de Oaxaca da vida a proyectos que combinan tradición, innovación y narrativa cultural, transformando cada pieza en un testimonio de oficio y comunidad.

POR Editorial
23 enero de 2026

Un proyecto de diseño encuentra sentido cuando logra conectar cómo se hace, desde dónde se produce y con quién se construye. De lo contrario, aun las piezas más exitosas quedan aisladas de su contexto.

Contar un proyecto de diseño radica en hacer visible la red de relaciones, saberes y decisiones que lo sostienen. En particular, cuando el diseño se construye en diálogo con artesanos, la narrativa supone una herramienta ética. La práctica de Liliana Ovalle se inscribe con claridad en esta lógica. Diseñadora e investigadora mexicana con base en Londres, formada en la UNAM y en el Royal College of Art, Ovalle ha construido una trayectoria que opera entre circuitos locales e internacionales sin establecer jerarquías entre ellos. En su trabajo, la artesanía es un sistema de conocimiento que informa el diseño desde su origen.

Un caso paradigmático es Socavones (Sinkhole Vessels), desarrollado en colaboración con la Cooperativa 1050°. La serie formó parte de la exposición Craft Front & Center: Conversation Pieces en el Museum of Arts and Design de Nueva York, dedicada a piezas de su colección permanente que destacan por la experimentación material y las prácticas colaborativas entre artistas, artesanos y diseñadores. La inclusión de Socavones en este contexto no solo reconoce la calidad formal del proyecto, sino su capacidad para sostener una narrativa compleja sobre oficio, territorio y coautoría.

Concebido como un intercambio de saberes, el proyecto fue desarrollado junto con las Mujeres del Barro Rojo, una familia de maestras alfareras de San Marcos Tlapazola, Oaxaca. Las cinco vasijas que conforman la serie están elaboradas a mano en barro rojo con un acabado ahumado, utilizando técnicas ancestrales profundamente ligadas a la identidad zapoteca. El conocimiento del material: sus tiempos, temperaturas y reacciones es el punto de partida desde el cual este se construye el diseño.

Las Mujeres del Barro Rojo, también conocidas como la familia Mateo, forman parte de la Cooperativa 1050° junto con artesanas y artesanos de siete comunidades de Oaxaca, Puebla y Chiapas. Con más de veinte años dedicados a la revitalización de la alfarería tradicional, la cooperativa articula tradición e innovación desde una lógica comunitaria. En Socavones, la cosmovisión del territorio, incluyendo los hundimientos de la tierra y las capas ocultas del suelo, se traduce en piezas que hablan tanto del paisaje como del trabajo colectivo.

Esta atención a la narrativa colaborativa aparece también en Encuentros, un set de bar de edición limitada comisionado por Maestro Dobel dentro de la plataforma Creating Brilliance, curada por Revolution of Forms. El proyecto articula vidrio soplado, mármol negro del sur y referencias formales a la coa del jimador, conectando el proceso del tequila con oficios especializados. Cada material cuenta una parte de la historia: el horno, la piedra, el gesto agrícola. La narrativa no se añade al objeto; emerge de su fabricación.

No es casual que proyectos como estos encuentren resonancia internacional. Un diseño logra trascender fronteras cuando consigue hacer legible su proceso, situar su contexto cultural y visibilizar las colaboraciones que lo construyen. 

Crédito material visual: Liliana Ovalle

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