¿Y si el juego pudiera viajar hasta donde más se necesita? Jugar el Camino, creado por Mi Calle, Nuestra Calle y estudiantes de CENTRO, transforma un objeto móvil en un espacio para jugar, imaginar y conectar, demostrando cómo el diseño puede acompañar a las infancias en movimiento.
¿Cómo diseñar un espacio para jugar cuando sus usuarios están en movimiento? Jugar el Camino, desarrollado por Mi Calle, Nuestra Calle (MCNC) junto con estudiantes de Diseño Industrial de CENTRO, responde con un objeto que concentra distintas funciones: es medio de transporte, pequeño habitáculo y ludoteca móvil. Se desplaza hasta donde están sus usuarios y, al llegar, se abre para transformar temporalmente plazas, parques y espacios de acogida en lugares para jugar, encontrarse e imaginar.

La solución atiende una condición específica del contexto mexicano. Entre 2020 y 2024, México registró cerca de 400 mil eventos administrativos de niñas, niños y adolescentes en situación de migración irregular. Para muchas infancias en movilidad, la calle es principalmente un espacio de tránsito e incertidumbre, con pocas oportunidades para detenerse, jugar o construir vínculos.
En lugar de esperar que las infancias lleguen a un espacio destinado al juego, el diseño de Jugar el Camino hace que el espacio de juego viaje hasta ellas. Su carácter móvil permite trasladar los elementos necesarios para activar distintas dinámicas y, al mismo tiempo, convierte al propio dispositivo en parte de la experiencia. Su escala está a medio camino entre objeto y arquitectura: contiene y transporta, pero también delimita un pequeño espacio y modifica lo que sucede a su alrededor. Al desplegarse, una plaza o un parque adquieren temporalmente otro uso.
Esta capacidad resulta particularmente pertinente cuando se trabaja con poblaciones en tránsito. Jugar el Camino plantea una infraestructura ligera capaz de trasladarse entre espacios de acogida y puntos de encuentro.

El proyecto fue desarrollado durante varios meses por MCNC junto con estudiantes de Diseño Industrial de CENTRO: Oliver Honey, Ximena García, Marina y Rómulo Romero; en el marco de su servicio social, con dirección del equipo creativo de Mi Calle, Nuestra Calle y asesorías especializadas. El proceso pasó del boceto al prototipo y posteriormente a su activación con comunidades.
Para MCNC, el juego forma parte de una exploración más amplia sobre las maneras de habitar el espacio público, es una actividad capaz de favorecer la interacción social, la regulación emocional y cognitiva y el bienestar. También permite ensayar otras relaciones con un entorno que, para las infancias migrantes y desplazadas, muchas veces se experimenta desde el traslado y la espera.
Su presentación en el Abierto Mexicano de Diseño lleva esa discusión al terreno del diseño contemporáneo mexicano. ¿Qué objetos hacen falta cuando las condiciones de vida no corresponden con los programas espaciales convencionales? Aquí, la respuesta consiste en pensar desde el movimiento: diseñar algo capaz de acompañar, llegar, contener y después volver a desplazarse.

Crédito material visual: Mi calle nuestra calle
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