Los mexicanos están descubriendo nuevas rutas para viajar y, con ellas, otras formas de hospedarse. De tiny houses a casas que conservan su identidad local, exploramos cómo los nuevos destinos están transformando la manera de diseñar y habitar la hospitalidad.
Los mexicanos están ampliando su mapa de viaje. Entre 2024 y 2025, las reservaciones en Airbnb crecieron 24.5% en ocho destinos con menor presencia en el panorama turístico nacional: Atlixco, Chetumal, Tuxpan, Coatzacoalcos, Real de Catorce, San Juan del Río, San Luis Río Colorado y Tepotzotlán.
Quienes están tomando estas nuevas rutas son, sobre todo, viajeros nacionales y jóvenes. Ocho de cada diez fueron mexicanos y, dentro de ese grupo, más del 80% pertenecía a las generaciones Z y Millennial. La cercanía y el presupuesto también pesan: la Ciudad de México fue el principal punto de origen para seis de los ocho destinos y 73% de los alojamientos disponibles tenía una tarifa inferior a 1,917 pesos por noche.
El movimiento resulta muy relevante para la industria del mueble porque, al cambiar las rutas, también aparecen otras maneras de entender la hospitalidad. Encontramos espacios cada vez más vinculados con las condiciones específicas de su entorno: la escala, el clima, el paisaje, la arquitectura existente e incluso la razón del viaje definen cómo se equipa y se habita una estancia.

La cercanía con Puebla y Ciudad de México, su gastronomía y su paisaje han convertido a Atlixco en una alternativa para escapadas de pocos días. Esa escala del viaje encuentra correspondencia en algunos de sus alojamientos: pequeñas cabañas y tiny houses donde cama, cocineta, sala y baño conviven en pocos metros, mientras jardines, terrazas y áreas exteriores amplían la experiencia.
La madera aporta calidez a los interiores y las distribuciones compactas permiten reunir distintas funciones sin intentar reproducir las dimensiones de una casa convencional. Son también usuales las habitaciones revestidas en madera, pequeñas salas, cocinetas e iluminación cálida, con acceso inmediato a albercas y áreas exteriores.
Aquí, la pequeña escala forma parte de una estancia pensada para unos cuantos días, donde buena parte de la experiencia ocurre también fuera de la habitación.

Chetumal ofrece un contraste interesante frente al turismo que solemos asociar con Quintana Roo. Lejos del volumen de Cancún o la Riviera Maya, su ubicación al sur del estado y su cercanía con otros atractivos están abriendo otra ruta para recorrer la región.
En sus alojamientos aparecen señales de un viajero distinto: cercanía con el aeropuerto, aire acondicionado y conexiones de internet de hasta 200 Mbps dirigidas expresamente a quienes también trabajan durante el viaje.
La habitación adquiere entonces funciones que van más allá del descanso. Una mesa puede convertirse durante algunas horas en superficie de trabajo; la iluminación acompaña actividades distintas a lo largo del día y la conectividad pasa a formar parte de las condiciones básicas de la estancia. El espacio responde a un viajero que puede recorrer el sur de Quintana Roo sin dejar completamente atrás su vida cotidiana.

En Tuxpan, la relativa cercanía con el centro del país y el acceso a la playa favorecen viajes más cortos hacia el litoral veracruzano.
Terrazas, palapas, camastros, asadores y áreas de fogata adquieren tanta importancia como los interiores. Algunos espacios se encuentran entre mar, lago y playas alejadas del ruido, donde la privacidad y el contacto con el paisaje forman parte central de la estancia.
El exterior es otro espacio habitable por lo que el sol, la humedad y el mantenimiento condicionan materiales y acabados.

En Valladolid, Yucatán, el propio espacio construido ofrece el punto de partida. Techos altos con vigas, pisos tradicionales de cerámica de pasta, texturas naturales y patios tropicales aparecen en alojamientos que encuentran parte de su atractivo en conservar el carácter de las casas que ocupan.
Espacios que muestran la historia y en los que el diseño contemporáneo incluye conservar la huella de tal forma que las comodidades necesarias para recibir al viajero conviven con materiales, proporciones y elementos arquitectónicos que ya pertenecían al lugar.
El resultado propone una forma distinta de pensar la identidad en hospitalidad. No hace falta llenar una habitación de referencias decorativas a Yucatán cuando el piso, las vigas, el patio, la vegetación y la propia arquitectura ya cuentan dónde estamos.
Mientras nuevos puntos aparecen en el mapa de los viajeros mexicanos, la hospitalidad encuentra una oportunidad para parecerse menos de un lugar a otro y responder más a las condiciones, ritmos y formas de habitar de cada destino.

Crédito material visual: Minicasa Valladolid, Minicasa Túxpam, Casa Luna, Rosalía Haras Glamping
Actualizamos nuestro aviso de privacidad, conócelo aquí