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Lanza Atelier: el gigante que cruzó el Atlántico
© Fotografía: Serpentine Gallery, Lanza Atelier

Lanza Atelier: el gigante que cruzó el Atlántico

De una pequeña caja de acuarelas a un pabellón en Londres, Lanza Atelier demuestra que la arquitectura no tiene escala. A través de 29 proyectos, el estudio mexicano revela cómo los materiales, la naturaleza y la observación pueden transformar nuestra manera de habitar los espacios.

POR Editorial
23 octubre de 2026

Lanza Atelier: el gigante que cruzó el Atlántico

Un gigante recorre ciudades, atraviesa océanos, entra a museos, se sienta a la mesa, construye casas y se interna en bosques. A veces una caja de acuarelas le parece diminuta; otras, una plaza o un edificio de 15 mil metros cuadrados parecen hechos a su medida. Con esta figura tomada de un cuento de Michael Ende, Lanza Atelier recorrió en el marco de  Méxtropoli 2026 once años de trabajo y 29 proyectos para plantear una idea sencilla: el pensamiento no tiene escala.

Fundado en Ciudad de México en 2015 por Isabel Abascal y Alessandro Arienzo, el estudio utilizó al “gigante aparente” de Jim Botón y Lucas el maquinista, un personaje que parece enorme desde lejos y adquiere dimensiones humanas conforme se aproxima, para hablar de arquitectura y perspectiva. Frente a una disciplina que hoy conocemos tantas veces a través de imágenes, acercarse permite descubrir materiales, sistemas constructivos, decisiones y relaciones que alteran nuestra percepción inicial.

El gigante de Lanza avanza así entre escalas sin establecer jerarquías. En Azcapotzalco encuentra una caja con doce acuarelas elaboradas a partir de los colores del mural Paisaje de Azcapotzalco, pintado por Juan O’Gorman en 1926, concebida para llegar a escuelas públicas. En Ecatepec se detiene en unos módulos de baños para una ciclopista de siete kilómetros; en el Museo Jumex descubre una museografía capaz de ocupar una sala o guardarse en una maleta. En el Parque Lincoln, bloques de tierra compactada forman un pabellón efímero y después se reutilizan para apoyar tareas de reconstrucción tras el sismo.

El viaje también pasa por casas en Cancún, Guanajuato, Valle de Bravo y las inmediaciones del Nevado de Toluca. Allí, una ladera cubierta de grandes piedras dicta otra forma de construir: el material extraído del terreno se fragmenta y se convierte en los muros de la propia vivienda, sin retirarlo del sitio. En Guatemala, los árboles determinan el trazo de una casa que busca habitar entre ellos sin derribarlos. La arquitectura aparece una y otra vez como respuesta a aquello que ya existe.

En 2026, el gigante cruzó nuevamente el Atlántico y aterrizó en Londres. Lanza Atelier fue elegido para diseñar el Serpentine Pavilion, uno de los encargos internacionales más visibles de la arquitectura contemporánea. Su propuesta, a serpentine, parte del crinkle-crankle wall, un muro ondulante tradicional inglés cuya geometría permite conseguir estabilidad empleando menos ladrillos que un muro recto. Lanza convirtió esa inteligencia constructiva en una sucesión rítmica de columnas de ladrillo, acompañada por una cubierta translúcida que deja circular la luz y el aire. Hacia el norte, la estructura responde a las copas de los árboles; hacia el sur, el muro serpentea y establece también un vínculo con el cercano Serpentine Lake.

Pero Londres no funciona como punto final. El gigante regresa a México, esta vez a Monterrey, para intervenir el MARCO: abre ventanas que habían permanecido cerradas y traza una estructura de encino de 70 metros cuyos soportes recuerdan árboles, dentro de una exposición dedicada al jardín y sus posibilidades como frontera. Después aparece otro desafío de escala en el Bosque de Chapultepec, Ciudad de México: transformar tres antiguos edificios militares, con 15 mil metros cuadrados, en un centro cultural para niñas, niños y adolescentes. Talleres mecánicos reciben nuevos usos; antiguas perreras se convierten en ludoteca y la vegetación vuelve a ocupar el corazón del conjunto.

Al terminar el recorrido, el gigante vuelve a mirar los proyectos y descubre que, al acercarse, todos terminan teniendo el mismo tamaño ya que exigen la misma operación: observar de cerca y encontrar, dentro de las condiciones particulares de cada lugar, la regla capaz de convertirlas en arquitectura.

Crédito material visual: Serpentine Gallery, Lanza Atelier

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