Barón y Vicario es un manifiesto que emerge desde las raíces más profundas del México ancestral, y al mismo tiempo, una plataforma contemporánea para el diseño con impacto social.
Fundada por el diseñador Raúl de la Cerda, el estudio nace de una necesidad urgente: fortalecer a los pequeños talleres artesanales del país mediante una propuesta estética radical y significativa, donde cada objeto es resultado de un proceso humano, simbólico y colaborativo.
Raúl de la Cerda, conocido por su enfoque conceptual y su capacidad para sintetizar identidad, contexto y forma en cada una de sus creaciones, lanza esta firma con la visión de honrar el diseño como un acto político, social y espiritual. En Barón y Vicario, cada pieza comienza con una idea sólida y una profunda conciencia del lugar que habita, no solo en términos geográficos, sino también históricos y culturales. No hay ornamento gratuito: todo tiene una razón de ser.
Lo más destacado de esta propuesta creativa son sus piezas de resina de alta calidad, como los jarrones de la colección Naay, que evocan estilizaciones de culturas mesoamericanas con una sensibilidad brutalista y escultórica. Son objetos que parecen surgir de un ritual antiguo, pero que respiran modernidad y sofisticación. Cada uno de estos jarrones lleva una carga simbólica poderosa: son fragmentos de una narrativa en la que la forma no solo representa, sino que también convoca.
Kakaw, por ejemplo, no es simplemente un recipiente. Inspirado en antiguos platos ceremoniales utilizados por los mayas para guardar el cacao, fruto considerado sagrado, este jarrón encapsula siglos de espiritualidad, abundancia y comunión con la naturaleza. Su nombre, que significa “cacao” en lengua maya, recuerda que los objetos pueden ser portadores de memoria y rito. En esta vasija, la resina no busca imitar la cerámica ancestral, sino proponer una lectura contemporánea de su esencia. Es un objeto que, al igual que el cacao, conecta el plano material con lo divino.
La colección Naay, resultado de una colaboración conceptual con el diseñador alemán Carsten Lemme, explora la posibilidad de un lenguaje universal basado en la forma. Sus piezas, como Tikal y Bonampak, encarnan la tensión y la armonía entre opuestos: oscuridad y luz, pasado y presente, lo individual y lo colectivo. La palabra Bonampak, que significa “dos montículos”, simboliza esta dualidad integrada: dos elementos que, sin perder su identidad, se funden para formar una unidad potente.
Uno de los elementos más distintivos de Barón y Vicario es su respeto profundo por el proceso artesanal. Lejos de la producción industrial, cada objeto pasa por muchas manos antes de completarse. La colaboración con un maestro artesano con más de 25 años de experiencia en el trabajo de la resina ha sido clave para definir los acabados únicos de la marca. Este proceso minucioso otorga a cada pieza no solo perfección técnica, sino una huella humana que le confiere alma.
El compromiso de Barón y Vicario va más allá de lo estético. La marca tiene una vocación ética: apoya talleres locales, mejora sus condiciones laborales y se plantea el diseño como un acto de responsabilidad social. Desde el abastecimiento responsable hasta la valoración del trabajo manual, Barón y Vicario es un ejemplo de cómo el diseño puede convertirse en agente de transformación.
En un contexto donde el diseño mexicano gana cada vez más presencia global, Barón y Vicario se posiciona como una voz singular: íntima, ceremonial y profundamente enraizada. Sus piezas no solo adornan espacios, los invocan. Porque en cada jarrón, en cada forma, late la oscuridad luminosa de un México que no se ha perdido, sino que renace con cada objeto.
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