No fue un plan maestro ni una apuesta por diferenciarse: MENAT Studio surgió de una taza. Una solicitud casual de un amigo restaurantero llevó a Kristen Zarkin e Isabella Demichelis a ensuciarse las manos con arcilla y descubrir, en ese gesto, una manera distinta de diseñar.
No fue un plan maestro ni una apuesta por diferenciarse: MENAT Studio surgió de una taza. Una solicitud casual de un amigo restaurantero llevó a Kristen Zarkin e Isabella Demichelis a ensuciarse las manos con arcilla y descubrir, en ese gesto, una manera distinta de diseñar. Desde entonces —y sin prisa—, han construido un estudio que no responde a tendencias, sino a conversaciones: con los materiales, con quienes los trabajan y con quienes, al final, sostienen un plato en la mesa. Lo que comenzó en 2014 como un proyecto de joyería se ha convertido en una práctica cerámica rigurosa, profundamente colaborativa y especializada en vajillas que habitan restaurantes, hoteles y espacios cotidianos con la misma delicadeza con la que fueron hechas.
“MENAT empezó con joyería”, recuerda Zarkin. “Pero unos amigos nos pidieron hacer tazas para un café de especialidad, y sin saber del todo cómo, dijimos que sí. Fue un éxito. Así comenzamos a transitar hacia la cerámica.” Desde entonces, el estudio ha evolucionado hasta producir más de 40,000 piezas al año, manteniendo siempre el valor de lo hecho a mano como eje central.

En un contexto saturado por la inmediatez, la propuesta de MENAT se ancla en los tiempos del material, el fuego y las manos. “Nos interesa reconocer el valor de los oficios, sobre todo en una ciudad donde cada vez se pierden más. Enseñar cerámica a personas que nunca habían tenido contacto con este material ha sido un proceso gozoso y vital para nosotras”, explica Demichelis, quien dirige el área de producción.
El 90% del equipo de MENAT está conformado por mujeres, muchas de ellas madres solteras o trabajadoras sin experiencia previa en cerámica. La dimensión social del proyecto no es solo un componente ético, sino una apuesta por la continuidad del saber manual. “Podríamos automatizar más procesos, sí. Pero perderíamos lo más importante: el cuidado, la intención, la historia que hay detrás de cada pieza”, afirman.
Trabajan exclusivamente con cerámica de alta temperatura (stoneware), cocida a 1,200 °C. Esta técnica exige precisión, conocimiento técnico y respeto por la variabilidad natural del proceso. “La arcilla cambia con la humedad, con el clima, con el fuego. Nada es completamente predecible. Hay que estar presente. Enseñamos al equipo a no confiarse, a observar cada pieza como si fuera la primera.”

Uno de los aspectos más distintivos de MENAT es su capacidad de colaboración con profesionales de otras disciplinas. Desde chefs hasta arquitectos y diseñadores de interiores, el estudio interpreta las necesidades de cada cliente para desarrollar vajillas que no solo cumplan una función, sino que comuniquen una visión. “La cerámica se convierte en el punto de encuentro entre el chef, el interiorista y el restaurantero”, explica Zarkin, quien lidera el área creativa y comercial. “Nosotras interpretamos todo eso en un objeto. A veces diseñamos piezas fuera del catálogo, adaptamos formas, desarrollamos esmaltes únicos. Todo con tal de que el plato acompañe y potencie la experiencia.”
Uno de sus mayores retos recientes fue la producción de más de 4,000 piezas para la remodelación del Waldorf Astoria en Los Cabos, proyecto liderado por el despacho Sordo Madaleno. “Nuestra media antes era de 250 piezas por pedido. Esto fue dar un salto enorme: capacitamos personal, ajustamos logística, diseñamos técnicas nuevas. Fue un parteaguas”, señala Demichelis.
Ese mismo año, lanzaron un nuevo catálogo de esmaltes experimentales, desarrollado en el taller durante seis meses, como respuesta a las demandas de clientes del sector fine dining y hospitalidad de alto nivel. “Queríamos mostrar de lo que éramos capaces. Hicimos 50 cajas sorpresa con muestras de las nuevas técnicas y las enviamos a colaboradores clave. Fue como decir: aquí está la siguiente versión de MENAT”, recuerda Zarkin.

Más allá del trabajo para hoteles y restaurantes, MENAT ha consolidado una comunidad que se identifica con su filosofía: lo cotidiano como ritual, lo funcional como belleza. Su eslogan, “come bonito”, no es una estrategia de marca, sino una forma de vida. “No se trata solo de estética. Es tomarte el tiempo de montar tu mesa, de preparar algo que te haga bien, de convertir lo cotidiano en algo especial”, explica Zarkin.
Ese vínculo con su comunidad fue clave para la reciente apertura de su nuevo local y tienda en la Ciudad de México, en el corazón de la colonia Condesa, que funcionará como punto de venta para público general, espacio de encuentro con chefs y diseñadores, y laboratorio para nuevas propuestas. “Por primera vez, tendremos entrega inmediata. Es una respuesta a las necesidades del sector gastronómico, pero también un lugar donde podremos cocinar ideas en conjunto, montar moodboards, mostrar nuestras más de 40 formas distintas”, dice Demichelis. El diseño del lugar, con arcos, tonos verdes y mucha luz, refleja también la estética del estudio: sobria, cálida, con identidad.

Uno de los objetivos actuales de MENAT es formalizar su compromiso con prácticas responsables, tanto sociales como ambientales. “Estamos trabajando para obtener certificaciones como empresa socialmente responsable. Queremos asegurarnos de que nuestro impacto —económico, social y ambiental— sea positivo y transparente”, comenta Demichelis.
Este énfasis en la trazabilidad también busca generar conciencia entre sus clientes. “Así como los chefs ya preguntan de dónde viene el pescado o la verdura, también deberían saber de dónde vienen los platos. Qué manos los hicieron, en qué condiciones. Eso también es parte de la experiencia”, agrega Zarkin.
A diez años de su fundación, MENAT Studio no solo ha crecido en escala y prestigio, sino que ha consolidado una visión coherente, sensible y profundamente ética del diseño cerámico. En palabras de sus fundadoras: “El fuego termina de contar la historia que empezamos con las manos. Pero esa historia no termina con la pieza: continúa en la mesa, en la conversación, en la memoria de quien la usa.”
Crédito material visual: Menat Studio
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