En los textiles de Marisol Centeno cada hilo, cada color, cada textura parece contener un murmullo antiguo que conversa con el presente. Su práctica, que se extiende desde el arte hasta la industria, desde el taller hasta el museo, construye una cartografía sensible del diseño en México.

En los textiles de Marisol Centeno cada hilo, cada color, cada textura parece contener un murmullo antiguo que conversa con el presente. Su práctica, que se extiende desde el arte hasta la industria, desde el taller hasta el museo, construye una cartografía sensible del diseño en México. Más que crear objetos bellos, Centeno insiste en preguntas: ¿cómo habitar el mundo con lo que hacemos? ¿Qué historias cuenta una fibra cuando se teje colectivamente? En un país atravesado por herencias múltiples, su obra se convierte en un acto continuo de traducción: entre culturas, materiales, lenguajes y territorios.
Una de esas preguntas fundacionales dio origen, en 2012, a Bi Yuu, el proyecto más ambicioso de Centeno. El nombre mismo es un manifiesto: Bi significa aire, viento, aliento —en zapoteco del Istmo— y Yuu, tierra —en chatino, de Panixtlahuaca—. La unión de ambos conceptos define no solo una cosmovisión, sino una forma de diseñar que respira con el territorio. Bi Yuu nace con la misión de abrazar el multiculturalismo mexicano y dar respuesta a una inquietud profunda: ¿cuál es el papel del diseño en la cultura de nuestro país?

En 2016, Centeno funda Estudio Marisol Centeno, un espacio concebido como un laboratorio multidisciplinario donde el textil es punto de partida para exploraciones materiales, simbólicas y sociales. Ahí conviven proyectos autogestionados y colaboraciones con marcas como Cartier, Adidas y H&M, pasando por instalaciones urbanas o paneles inspirados en headdresses prehispánicos.

En paralelo, Bi Yuu se integra como uno de los proyectos internos del estudio, fortaleciendo un ecosistema de diseño profundamente colaborativo. El proyecto empezó con una comunidad en Teotitlán del Valle, Oaxaca, y desde entonces ha reunido a un equipo horizontal de diseñadores, artesanos, consultores y productores que dialogan desde la diferencia. Cada pieza que sale del taller no solo es estética: es el resultado de un proceso colectivo de intercambio y experimentación textil.

La profundidad conceptual de Centeno no se queda en el taller. En 2023, el Museo Franz Mayer celebró los 10 años de Bi Yuu con la exposición Hilando Rituales, una instalación que revela las capas humanas, territoriales y cromáticas detrás de cada colección. Este 2024 y 2025, su trabajo ha estado presente en Carpet Diem (París), DECODE (MARCO, Monterrey), y Siempre Sí (salón de exhibición), entre otras.

Lo que define la práctica de Centeno no es únicamente su estética depurada ni su rigor formal, sino su ética colaborativa. Desde el aula hasta el museo, pasando por ferias internacionales y comunidades textiles, Marisol ha tejido una red donde el diseño sirve para redistribuir valor, generar nuevas pedagogías y pensar con el territorio. En un país donde la industria cultural es poderosa pero fragmentada, su trabajo demuestra que es posible articular diseño, tradición e innovación sin jerarquías.

Del 13 al 16 de agosto en Expo Guadalajara, la Expo Mueble Internacional Verano 2025 será el escenario ideal para explorar estas intersecciones entre textil, mobiliario, territorio y colaboración.
Crédito material visual: Estudio Marisol Centeno
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