Ricardo Graham lleva dos décadas explorando las posibilidades de la madera maciza desde el oficio y el diseño contemporáneo. Conoce cómo tradición, sostenibilidad y tecnología pueden encontrarse para mantener vivo el arte de crear mobiliario.

Ebanista brasileño y fundador del taller oEbanista, Ricardo Graham celebra este año dos décadas dedicadas exclusivamente a la madera maciza, un oficio que comenzó después de estudiar mercadotecnia y especializarse durante cuatro años en Europa antes de abrir su taller en Río de Janeiro junto con Maria Eduarda de Carvalho, diseñadora de estrategia y colaboradora clave del estudio.
El trabajo de oEbanista demuestra la clara convicción de que la madera no es únicamente una materia prima, sino un material vivo con el que se establece una relación cercana. Esa perspectiva explica por qué Graham ha concentrado su práctica en maderas macizas brasileñas, ensamblajes tradicionales y piezas de lenguaje contemporáneo, desarrolladas a partir del contacto directo con el material más que desde una computadora.
"Siempre procuro especializarme en trabajar con madera maciza, con muchos ensamblajes y con un diseño contemporáneo, un diseño de este tiempo."

La sostenibilidad, explica, comienza precisamente ahí. Para Graham, la fabricación artesanal consume menos recursos y favorece una relación responsable con los bosques. Por ello trabaja únicamente con maderas certificadas o provenientes de manejo forestal sustentable. Sin embargo, su visión va más allá del aspecto ambiental: conservar el oficio también significa preservar conocimientos, técnicas y formas de hacer que han acompañado a la humanidad durante siglos.
"Trabajar con madera también es mantener una cultura y conocimientos antiguos que todavía pueden aplicarse. No solamente es sostenible ecológicamente; también lo es socialmente."

Esa defensa del oficio no implica un rechazo a la tecnología. Al contrario. Graham distingue claramente entre el momento de crear y el de producir. Los primeros prototipos nacen siempre de las manos: dibujos hechos a mano, pruebas directamente sobre la madera y una búsqueda constante de las curvas, proporciones y uniones que solo el contacto físico permite comprender plenamente. Una vez resuelto ese proceso, la industria puede intervenir mediante maquinaria CNC para reproducir las piezas con precisión cuando el proyecto requiere mayor escala.
"Mi trabajo tiene una conexión muy fuerte con las manos. No soy alguien que diseña únicamente sobre el papel; diseño con las herramientas de madera, aquí, en el taller", explica al describir un proceso donde el material participa activamente en la toma de decisiones.
Para él, taller e industria no son mundos opuestos, sino etapas complementarias de un mismo proceso creativo. El primero funciona como un laboratorio donde nacen las ideas; la segunda permite llevarlas a públicos más amplios sin perder la esencia del diseño original.
"Amamos el oficio manual, pero entendemos que, para llegar a un público mayor, podemos combinar ese conocimiento con las tecnologías actuales."

Como integrante del jurado de Dimueble, también reconoce el papel que desempeñan los concursos en la evolución de la industria. Su propia trayectoria, afirma, se fortaleció gracias a este tipo de plataformas, que permiten dar visibilidad a nuevos creadores y, al mismo tiempo, enriquecen el diálogo entre diseñadores emergentes y profesionales consolidados.
"Participar en concursos fue muy importante para que las personas conocieran mi trabajo. Para quienes comienzan es una oportunidad fundamental, y para los profesionales también genera valor para el propio premio."

No resulta casual que Dimueble dedique su edición a la silla, una tipología que Graham considera el mayor desafío dentro del diseño de mobiliario. Requiere equilibrio entre ergonomía, resistencia, ligereza y precisión constructiva.
"La silla es el mueble más difícil de hacer. Tiene que ser ergonómica, resistente, trabajar con materiales muy finos y soportar un uso constante. Por eso me gusta tanto diseñarlas."
Quizá por eso su reflexión final resume también una de las tensiones centrales de la industria contemporánea. La innovación no consiste en sustituir el oficio, sino en encontrar nuevas formas de dialogar con él. Entre la sensibilidad de las manos y la precisión de las máquinas existe un espacio donde el diseño sigue evolucionando sin renunciar a aquello que le da origen: el conocimiento acumulado, el tiempo invertido y la inteligencia del hacer.
Crédito material visual: oEbanist
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