La participación de México destaca con dos proyectos que, desde ángulos distintos pero convergentes, examinan el rol de la arquitectura como mediadora entre lo material, lo simbiótico y lo colectivo: “Laguna”, de PRODUCTORA, y “Chinampa Veneta”, una propuesta colectiva seleccionada por el INBAL.

La 19ª Exposición Internacional de Arquitectura de Venecia, comisariada por Carlo Ratti bajo el título Intelligens. Natural. Artificial. Collective, abre un espacio urgente de reflexión sobre las formas de inteligencia que habitan, producen y transforman el entorno construido. En este escenario global —que reúne a 66 países y se celebra del 10 de mayo al 23 de noviembre de 2025— la participación de México destaca con dos proyectos que, desde ángulos distintos pero convergentes, examinan el rol de la arquitectura como mediadora entre lo material, lo simbiótico y lo colectivo: “Laguna”, de PRODUCTORA, y “Chinampa Veneta”, una propuesta colectiva seleccionada por el INBAL.


En la sección central del Arsenale, dentro de la muestra curada por Ratti, PRODUCTORA presenta Laguna, un proyecto de reconversión arquitectónica de una antigua fábrica textil ubicada en la colonia Doctores de la Ciudad de México. La propuesta, construida sobre la noción de una transformación lenta y colectiva, rescata un edificio de los años veinte —no catalogado oficialmente— para convertirlo en un espacio colaborativo que integra oficios creativos y productivos: carpintería, cerámica, textil y café.
Pero Laguna no es solo una recuperación patrimonial. Se trata de una infraestructura modular pensada para operar en múltiples temporalidades y escalas. La estrategia se despliega a lo largo de más de diez años, con intervenciones progresivas que priorizan la rehabilitación de patios, circulaciones y núcleos operativos, integrando nuevas estructuras que respetan la lógica del conjunto. Es un caso de diseño no espectacular, sino estratégico; que apuesta por la permanencia, la flexibilidad y la convivencia productiva.
La decisión de retomar el color verde original del edificio —visible en antiguas máquinas de tejido— como eje cromático de la nueva identidad, sintetiza el enfoque de un diseño que escucha antes de intervenir.

Chinampa Veneta proyecto que representa oficialmente a México en el pabellón nacional, se enfoca en otra escala: la del ecosistema. Seleccionado por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), este trabajo —comisariado por el arquitecto José María Bilbao Rodríguez e implementado por el Colectivo Chinampa, que integra diversas firmas, estudios e individuos— propone una relectura contemporánea del sistema agrícola ancestral de las chinampas, originarias de Xochimilco, como dispositivo simbiótico entre arquitectura, paisaje y sociedad.
A través de instalaciones dentro y fuera del Arsenale, Chinampa Veneta reconstruye este sistema lacustre mesoamericano, activándolo como una herramienta crítica frente al colapso ecológico y urbano. En el pabellón se presentan distintas etapas del crecimiento de una chinampa, desde el chapín (bloque de lodo con semilla) hasta una chinampa viva sembrada con un sistema agroforestal del Véneto —la vite maritata— entrelazado con la milpa mesoamericana.
El proyecto extiende su gesto hacia la Laguna de Venecia con una instalación flotante: la Chinampa del Mondo, que dialoga con el legado del Teatro del Mondo de Aldo Rossi. Aquí, el espacio escénico se transforma en dispositivo agrícola y la metáfora se vuelve intervención: una chinampa que conecta dos ciudades lacustres amenazadas por el desbordamiento urbano y la crisis hídrica.

Tanto Laguna como Chinampa Veneta encarnan una reflexión crítica sobre los límites del diseño arquitectónico contemporáneo. En un caso, el enfoque es urbano, adaptativo y programático; en el otro, ecológico, regenerativo y simbiótico. Uno transforma un espacio residual de la ciudad en plataforma creativa; el otro reimagina una tecnología ancestral como horizonte de futuro. Pero ambos coinciden en una premisa esencial: la arquitectura no puede pensarse aislada de los ciclos que la sostienen, ya sean materiales, económicos, sociales o ecológicos.
Esta participación doble posiciona a México no como exportador de una estética reconocible, sino como un territorio de experimentación donde la arquitectura opera como herramienta crítica y situada. Frente al panorama global, ambos proyectos ofrecen una arquitectura que se pregunta, que se adapta, que repara y que escucha.
Crédito material visual:
Productora, Arturo Arrieta.
Actualizamos nuestro aviso de privacidad, conócelo aquí