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La luz que nace del tejido
© Fotografía: Pilarika Camo

La luz que nace del tejido

Descubre cómo el tejido artesanal se transforma en luz a través de las lámparas de Pilarika Camo, un proyecto nacido en Guadalajara que explora nuevas formas de iluminación contemporánea. Entre experimentación, algodón tejido a mano y piezas monumentales como Duna, estas luminarias revelan el valor del trabajo artesanal en el diseño actual. Una historia donde materia, paciencia y luz construyen atmósferas únicas.

POR Editorial
14 abril de 2026

Las lámparas de Pilarika Camo pertenecen a esa categoría de objetos transformadores de espacios. Suspensas en el aire como estructuras ligeras de algodón tejido, proyectan sombras suaves que cambian la atmósfera de una habitación. Consiguen con ello generar una sensación de calidez que invita a permanecer.

“Nosotros hacemos piezas tejidas a mano especializadas en personalizar al espacio”, explica Frida Camarillo, fundadora de la marca. “Creemos que darle ese toque cálido hace toda la diferencia en un espacio, y nuestras lámparas buscan proyectar ese sentimiento”.

La empresa nació en Guadalajara en 2020, fundada por Frida y su hermana Annel Camarillo en un momento de incertidumbre global. Desde el inicio, el proyecto tuvo una intención clara: reinterpretar el lenguaje de las lámparas tejidas desde una sensibilidad contemporánea.

“No queríamos hacer lámparas tejidas al estilo más playero o boho”, recuerda Camarillo. “Queríamos que pudieran encajar en espacios contemporáneos. Que pudieras personalizar colores, tejidos o formas y que realmente se adaptaran a un proyecto”.

El tejido como arquitectura de luz

Algodón trenzado, geometrías circulares y volúmenes suspendidos construyen piezas que funcionan casi como pequeñas arquitecturas textiles. La luz atraviesa las fibras creando sombras que cambian a lo largo del día, transformando el carácter del espacio que habitan.

El tejido también introduce una dimensión sensorial: suaviza la luz, absorbe el sonido y aporta una textura que rara vez aparece en los objetos lumínicos convencionales.

Cada pieza, además, se desarrolla en diálogo con el lugar donde será instalada. Arquitectos e interioristas suelen llegar al taller con renders o planos, y a partir de ahí comienza un proceso de adaptación.

“Siempre pedimos que nos manden medidas, el entorno, qué tipo de ambiente buscan”, explica el equipo. “Cada cliente tiene su esencia. Entonces tratamos de personalizar la pieza para ese espacio”.

Duna: una pieza nacida para la EXMI

Entre las piezas más recientes del taller destaca Duna, una lámpara creada específicamente para su presentación en Expo Mueble Internacional.

La pieza no existía previamente en el catálogo. Surgió a contrarreloj, en un proceso de experimentación que combinó varios elementos característicos del lenguaje de la marca: círculos, columnas tejidas y grandes volúmenes verticales.

“Teníamos quince días para la expo y dijimos: tenemos que hacer algo nuevo”, recuerdan en el taller.

El resultado es una estructura compuesta por anillos tejidos uno a uno, donde cada aro implicó entre ocho y diez horas de trabajo manual. Las secciones textiles que conectan estos elementos requirieron hasta diecisiete horas adicionales de tejido, generando un volumen continuo que parece flotar en el espacio.

La pieza toma su nombre de las ondulaciones que produce el tejido en su superficie.

“Cada hebra de algodón está colocada a mano”, explica Andy Silva, artesana del taller. “Es una vuelta, otra vuelta, otra vuelta… y tratar de que no se enchueque”.

Aprender haciendo

Silva llegó al taller cuando el proyecto apenas comenzaba. No tenía formación previa en el oficio; aprendió directamente en el proceso.

“Cuando entré, el taller tenía tres meses de haber iniciado”, recuerda. “Entonces fue aprender día con día. Error tras error, hasta que uno se va puliendo”.

Hoy participa en todo el proceso productivo: desde el tejido de grandes estructuras hasta la instalación eléctrica de cada lámpara.

“Yo soy la que electrifica las piezas”, explica. “Tengo que revisar que no haya cortos, que todo funcione bien. A veces me llevo sustos cuando conecto y hace chispa, pero así se aprende”.

Algunas de las piezas que produce el taller alcanzan dos o tres metros de altura, lo que obliga a improvisar técnicas y posiciones de trabajo.

“Hay piezas que tienes que tejer girando, otras parada, otras sentada en el piso. Como se pueda”.

Guadalajara como territorio creativo

Para Camarillo,“Guadalajara tiene algo muy especial”, explica. “Aquí sí somos productores. Hay artesanos, talleres, gente que sabe hacer cosas con las manos”.

Ese ecosistema artesanal ha permitido que el proyecto evolucione rápidamente y colabore con arquitectos, diseñadores e interioristas que buscan piezas capaces de aportar identidad a sus espacios.

La marca también ha comenzado a expandirse hacia nuevas exploraciones materiales. Uno de los desarrollos recientes del estudio es Piedra Origen, una línea que incorpora mármol, ónix y granito en cubiertas y luminarias.

La intención es explorar cómo el tejido puede dialogar con materiales minerales, ampliando el lenguaje del taller sin perder su esencia artesanal.

La paciencia de la luz

Si algo define el trabajo de Pilarika es el tiempo.

Cada lámpara implica horas de tejido manual, decisiones improvisadas en el taller y una relación directa con el material. El resultado no es un objeto estandarizado, sino una pieza que conserva las pequeñas variaciones del proceso.

Quizá por eso sus lámparas producen un efecto particular en los espacios. Y en esa atmósfera permanece visible algo que suele desaparecer en muchos objetos contemporáneos: la paciencia del trabajo hecho a mano.

Crédito material visual: Pilarika Camo

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