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Hey Koti: piezas que se ajustan al lugar
© Fotografía: Hey Koti

Hey Koti: piezas que se ajustan al lugar

Hey Koti y el mobiliario como respuesta al contexto Muebles e interiorismo a medida, sustentable y con impacto social. Proyectos que van de Viajero Hostels Oaxaca a la costa de Punta Zicatela, donde cada pieza responde a uso, desgaste y entorno.

POR Editorial
5 junio de 2026

En los proyectos donde participa el estudio oaxaqueño Hey Koti, el mobiliario cambia según el espacio, el ritmo de uso y las condiciones del encargo. No se resuelve igual una habitación compartida en un hostal que una barra frente al mar o un sistema de almacenamiento en una vivienda. Esa variación se percibe en decisiones muy concretas: dimensiones, sistemas de armado, selección de madera certificada o recuperada y en la forma en que cada pieza entra al espacio sin imponerse sobre él.

Resistencia como criterio

En Viajero Hostels Oaxaca, el punto de partida fue claro: el mobiliario estaría sometido a uso constante y rotación continua de usuarios. Las literas, las repisas, los módulos de recepción y los puntos de venta no funcionan como piezas aisladas; se repiten, se ocupan de forma intensiva y se desgastan al mismo tiempo. A eso se sumó el rescate y reacondicionamiento del mobiliario existente en las habitaciones, una decisión que extiende la vida útil del material sin necesidad de reemplazarlo. La madera certificada y la reutilización creativa no son aquí un argumento de venta sino una respuesta directa a lo que el espacio demanda: consistencia entre elementos que se usan todos los días.

Presencia intermitente

En espacios más reducidos, la lógica cambia por completo. Un escritorio que no puede ocupar lugar permanente exige otro tipo de solución: una que aparezca cuando se necesita y desaparezca cuando no. El sistema de ménsulas plegables resuelve esa operación sin añadir complejidad al espacio. La combinación de pino certificado y material recuperado, en proporción 70/30, mantiene una continuidad con el resto de la producción del taller. Lo que define la pieza no es su forma sino su comportamiento: está ahí cuando se trabaja, no cuando se habita.

Historia incorporada

Hay piezas que no parten de un material nuevo sino de uno que ya fue otra cosa. La madera de cimbra rescatada de obra llega al taller con marcas, variaciones de superficie y rastros de uso que no se eliminan. Se incorporan. El resultado es un mueble que no intenta homogeneizar su origen: lo hace visible. Esa honestidad con el material no es un gesto estético sino una posición sobre lo que significa fabricar con lo que ya existe.

Forma que depende del contexto

En la barra trasera de Punta Zicatela, la referencia fue Jaime Hayón: formas orgánicas, carácter propio, sin rigidez. Las piezas frontales se trabajaron primero con maquinaria, pero la precisión resultante se percibía exactamente eso: demasiado precisa. La decisión fue rehacerlas a mano. Las formas se volvieron más fluidas, menos predecibles. La iluminación LED integrada y el cableado oculto terminan de definir una pieza que no se entiende fuera del entorno en el que está: luz baja, uso nocturno, proximidad al mar. El contexto no la acompaña; la completa.

Carpintería como interior

En proyectos residenciales, la carpintería se convierte en el interior mismo. Puertas, closets, cocinas y superficies de almacenamiento organizan la experiencia completa del espacio. La madera, tzalam o pino certificado, según el proyecto, se mantiene a lo largo de cada intervención generando continuidad sin necesidad de repetir formas. Las mesas con bordes irregulares que no se corrigen para buscar simetría aparecen como una constante: son un recordatorio de que la madera tiene su propia lógica, y que forzarla hacia la uniformidad le resta algo que no se recupera.

Otra escala

Hay piezas que no cambian de material sino de proporción. El mobiliario infantil del taller, inspirado en pedagogías como Montessori, responde a cuerpos en desarrollo: alturas más bajas, estabilidad, posibilidad de uso autónomo. Se trata de trabajar desde otra relación con el espacio, más cercana al suelo y a los movimientos cotidianos de la infancia. Su presencia dentro de la producción introduce una escala distinta sin alterar el resto.

Ajustes, no repertorios

Un comedor de huanacaxtle, una mesa de pino con bordes orgánicos inspirada en la forma natural de los árboles, una banca de cimbra, una barra en la costa: cada pieza parte de condiciones distintas y se resuelve de manera específica. Lo que permite leer el conjunto es la capacidad de cada pieza de ajustarse al espacio en el que entra: cuánto permanece, cómo se usa, qué tipo de desgaste admite, qué relación establece con los materiales que la rodean. En esa precisión es donde el trabajo del taller adquiere consistencia.

Crédito material visual: Hey Koti

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