En el contexto actual y ante la crisis climática, podemos afirmar que los problemas que enfrenta la humanidad ya no se pueden atacar desde el aislamiento. Debemos hacer equipo y mezclar materias y disciplinas.
En el contexto actual y ante la crisis climática, podemos afirmar que los problemas que enfrenta la humanidad ya no se pueden atacar desde el aislamiento. Debemos hacer equipo y mezclar materias y disciplinas. Consideramos que indagar y conectar son aspectos no negociables para concretar propuestas de valor.
Dentro del dinámico ámbito del interiorismo, abrirse camino implica una apasionada exploración de la creatividad, así como una aguda comprensión de las necesidades que pueden convertirse en oportunidades aunadas al compromiso de transformar los espacios en sitios que respondan a las preocupaciones actuales del contexto inmediato. A continuación, ahondaremos en el estimulante viaje que nos ha supuesto incursionar en este campo con una propuesta personal y compartiremos consejos de aquello que para nosotras ha resultado favorable.
Nuestro propósito es contribuir a arrojar luz sobre los retos, los logros y el poder transformador que conlleva convertir visiones imaginativas en realidades tangibles. Creemos firmemente en el valor de compartir, intercambiar e incluso inspirar a quienes se encuentren en un punto similar al inicio de sus carreras para dar el siguiente paso adelante.
Cuando nosotras comenzamos a trabajar juntas ya contaba cada una con pasiones e intereses de mucho tiempo. Andrea Alcázar había estudiado tres años de medicina antes de migrar al diseño de interiores. Esta experiencia en el área médica hizo que su desarrollo en el diseño estuviera de alguna manera relacionado con la vida y con una formación científica.
Mientras que Marcela Medina llegó a la misma carrera con un trasfondo de estudios sobre permacultura, agricultura, el reino fungi y sustentabilidad lo cual marcó su interés por la relación que estas disciplinas tienen con el diseño, las implicaciones de la industria, del uso de materiales y cómo estos afectan también en la salud de las personas dentro de un entorno.
Al encontrarnos, empezamos una investigación de cómo transferir todos estos intereses al diseño de interiores, combinado con la vida, con la ciencia, con la naturaleza. Y así fue como iniciamos un trabajo en conjunto.
Una parte clave ha sido ir más allá de lo que se aprende en la licenciatura. Marcela había incursionado en temas y trabajos de diseñadores tanto internacionales como mexicanos que involucran materiales biológicos en sus procesos de diseño y lo mezclan con biotecnología.
Lo que consiguen al final es un producto distinto a lo que generalmente veíamos en la carrera, que es como el statu quo, lo que generalmente se enseña, los materiales que predominan en la industria. Mientras que Andrea había explorado diversas temáticas vinculadas con el bienestar y la salud. Así que al conjuntar los intereses tanto ambientales como sanitarios y estéticos de ambas en el contexto urbano, se fue refinando la búsqueda.
Los hongos en general están en el centro de la investigación de proyectos de bioremediación o micorremediación, que es remediar el medio ambiente o problemas del medio ambiente por medio de alguna de sus millones de especies, ya que cada una cuenta con diferentes posibilidades. Hay hongos capaces de digerir plástico o metales pesados, que los pueden remover del mar, del agua, de la tierra. Y esto aplicado a la arquitectura o al diseño de interiores, hay diferentes especies que se prestan para la creación de objetos que pueden solucionar la construcción o el diseño inmobiliario.
Así fue como descubrimos el uso del micelio; éste es uno de los biomateriales que está teniendo un boom no sólo en diseño de interiores, que es nuestro enfoque, sino también en diseño industrial donde cuenta con bastantes áreas para implementarlo, como en empaques de productos o en el tema de construcción, ingeniería, se puede usar dependiendo de las propiedades generadas por los sustratos en donde crece. Se puede usar para fachadas, pero siempre tomando en cuenta la mezcla o la receta que se usa para generar el material como tal.
El aspecto más interesante es que éste es un material vivo y las aplicaciones en diseño, en arquitectura y en la salud, tienen distintos beneficios bastante prometedores. Pero también algo súper, súper importante en todo este proceso es tener paciencia y observar, porque estamos trabajando con un ser vivo. Entonces, en ocasiones, por más prisa haya, debemos respetar procesos biológicos.
A veces veíamos que el hongo crecía como queríamos, pero también podía pasar que se contaminó o que la mezcla que hicimos del hongo con el sustrato no fue la adecuada, entonces tenemos que repetir el proceso. Así que es mucho experimentar, prueba y error, pero también paciencia y apegarnos a especialistas que tal vez no sepan de diseño, pero son conocedores de micología, de hongos y de protocolos en laboratorios.
Resulta fundamental esta unión de distintas áreas y materias para poder lograr un producto que contenga el mayor conocimiento de las áreas involucradas. Gracias a estar compartiendo esta pasión e ir divulgando estas ideas y este gran interés, se pudieron lograr alianzas con personas locales que tuvieran más conocimiento y más experiencia en el área biológica o biotecnológica, por así decirlo, y logramos establecer estas colaboraciones locales en donde ya nosotras somos actrices-diseñadoras y contamos con acceso a laboratorio, a muestras de hongo, de sustratos y a poder hacerlo realidad, no nada más tenerlo en investigación y en papel y especulación, sino literal lanzarnos a hacer prototipos.
Además, hemos generado contenidos como videos en redes sociales que, al compartirlos hemos conocido grupos de profesionales afines, así dimos por ejemplo con Fungi Monterrey, que es una empresa de hongos local dedicada a la gastronomía. Y gracias a estar compartiendo es cómo hemos dado con proyectos afines y conocido sus búsquedas de cómo implementarlos.
Inicialmente, la problemática que identificamos fue la calidad del aire en espacios interiores, que muchas veces es generada por mala ventilación, pero también por muchos materiales que emiten químicos tóxicos. Dado que pasamos mucho tiempo en interiores, esto al final afecta nuestra calidad de vida, nuestra salud. Asimismo, nos interesan los efectos del esquema de economía lineal, que predomina también en la industria de materiales en el diseño y en la arquitectura.
Básicamente, nosotras comenzamos con prototipos que utilizamos con diferentes sustratos y diferentes especies de hongo para determinar las funciones que podíamos obtener de estas combinaciones y cuál se apegaba más a un proyecto que respondiera a la problemática que nosotras como diseñadoras encontramos.
En un principio queríamos desarrollar mobiliario, pero, conforme íbamos avanzando, los prototipos no eran funcionales y ya haciendo pruebas como que la silla no estaba saliendo, entonces nos replanteamos y observamos: tenemos estos prototipos que cuentan con propiedades acústicas, propiedades térmicas y que tienen también propiedades estéticas, muy interesantes, muy originales, muy bonitas, ¿qué podemos hacer?
Y ahí fue cuando dijimos, pues también está el tema de contaminación acústica o de ruido, y eso también afecta a la calidad de vida de las personas. Entonces fue como definimos esta tipología, que fue básicamente un producto de prueba y error y de qué soluciones podíamos encontrar ya en torno al diseño de interiores. Estamos usando una especie que, combinada con sustratos naturales, podemos obtener la absorción del ruido. O sea, tiene propiedades acústicas. Hay otros hongos que tienen propiedades térmicas, hay otros que son más duros que otros. De esta forma estamos descubriendo cómo integrar esos materiales que no habíamos considerado puede solucionar problemas humanos.
Y ya con eso, apegándonos a lo que habíamos tenido en mente desde un inicio, que era participar en la economía circular, empezamos a buscar sustratos de la industria local que pudiéramos integrar en los diseños y dimos con el bagazo, proveniente de la industria cervecera de Monterrey, que es un sector muy fuerte en nuestra región; con lo cual tiene un significado cultural muy interesante, muy bonito.
Con otros prototipos que estamos haciendo, estamos integrando también cáscara de nuez, aserrín de la industria maderera, entre otros. La clave ha sido siempre tener los objetivos muy claros: economía circular, colaboraciones locales, un producto que pueda biodegradarse al final de su vida útil, que sea amigable con el medio ambiente, que sea seguro para la salud del usuario.
Es importante perder el miedo a proponer y lanzarse a las convocatorias. Cuando vimos la convocatoria de Inédito 2023 dijimos: tenemos bocetos, tenemos la investigación, tenemos la idea, tenemos las ganas. Entonces enviamos nuestra solicitud y nos aceptaron. Y sí, fue una gran sorpresa, pero al mismo tiempo fue un: claro que se puede.
Y a eso le sigue perder el miedo a continuar investigando y seguir viendo cómo mejorar lo que hemos estado haciendo, por ejemplo, los paneles que presentamos en Design Week siguen teniendo cambios en nuestra investigación, siguen puliéndose. Pero ha sido una gran oportunidad el haber participado y el tener mayor difusión también.
Tenemos un sistema de creencias bastante arraigado que a veces nos conduce a ver las metas muy lejanas. O sea, vemos eventos o convocatorias que requieren una vida de experiencia, un mega portafolio, y, no es que estorbe, ¿verdad? claro que te va a ayudar, pero también el hecho de que existan estas convocatorias es para que participes, para que te muevas, para que investigues cómo puede mejorar tu producto y también usar con este afán las rúbricas o requisitos que la misma convocatoria pide.
De esta forma puedes pulir lo que ya has aprendido, no importa cuál sea el producto que estés desarrollando, siempre lo puedes mejorar, y, sin importar que te acepten o no, el resultado siempre continuará puliéndose. La clave es dejar que la curiosidad hable por sí misma y te haga moverte.
SOBRE LAS AUTORAS
Andrea Alcázar
Su travesía profesional comenzó influenciada por una familia de médicos que siempre valoró la ciencia y la atención a la salud. Hoy, como diseñadora de interiores, aplica precisión y estética en proyectos que mejoran la calidad de vida. Ambos mundos convergen en su compromiso con el bienestar de las personas.
Marcela Medina
Diseñadora de interiores emergente, creadora del proyecto Biocreations, un estudio y laboratorio de diseño que incorpora tipologías híbridas de diseño biointegrado con bacterias y hongos. Asimismo, forma parte del Consejo Joven de Sostenibilidad del municipio de San Pedro Garza García.
Ambas son autoras de la obra Resonancia Orgánica seleccionada como parte de la colección Inédito en el marco de la Design Week México 2023.
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