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Agustín Elizalde y Estudio Pomelo: diseño contemporáneo, oficio comunitario
© Fotografía: María Laura Castro Morales

Agustín Elizalde y Estudio Pomelo: diseño contemporáneo, oficio comunitario

Nada en el trabajo de Estudio Pomelo responde al impulso de lo inmediato. Agustín Elizalde lleva dos décadas afinando un modo de hacer donde el diseño dialoga con oficios centenarios y cada objeto se convierte en mediador entre tradición y presente.

POR Editorial
31 agosto de 2025

“La arquitectura es creación, pero también crítica de su propio tiempo”.
—Agustín Elizalde

Nada en el trabajo de Estudio Pomelo responde al impulso de lo inmediato. Agustín Elizalde lleva dos décadas afinando un modo de hacer donde el diseño dialoga con oficios centenarios y cada objeto se convierte en mediador entre tradición y presente. Arquitecto por el ITESO y máster en Crítica y Proyectos por la UPC de Barcelona, Elizalde se define menos como diseñador de interiores que como editor de contextos: “Me interesa la escala próxima al usuario, esa donde la memoria material se siente en la palma de la mano”.

Tapetes, cobre y barro: un alfabeto táctil

El proyecto que inauguró la historia de Pomelo nació en Teotitlán del Valle. Los tapetes de lana de esta comunidad oaxaqueña se asocian con casas de campo; Elizalde quiso llevarlos a espacios contemporáneos. “Desarrollamos, junto con los tejedores, un lenguaje cromático neutral que pudiera convivir con la arquitectura actual sin renunciar a su raíz”, recuerda.

La metodología se repitió en Santa Clara del Cobre y en talleres de barro de Tonalá: sumergirse en el taller, entender la técnica, escuchar la lógica comunitaria y diseñar desde allí. 

“No llego con un boceto cerrado; la pieza surge del intercambio. El artesano retroalimenta mi idea y la lleva a donde el oficio permite”. 

El resultado es una colección de objetos cotidianos, tazas, lámparas, piezas de cobre martillado, que asumen la imperfección como valor y prescinden de “rebuscamientos formales o tecnológicos”.

De la crítica al interior

Su paso por Barcelona marcó la práctica: allí descubrió la crítica como disciplina autónoma y la noción de patrimonio más allá de lo construido. Esa mirada se filtra en su interiorismo: casas de playa para clientes extranjeros, amenidades para el desarrollo Punto Sur de Tierra y Armonía, o la serie de amenidades conectadas de Rinconada Margaritas. Espacios pensados para crecer con el usuario y con el tiempo: “El reto es actualizar el lenguaje sin desarraigar el oficio”.

Hacer gremio, no vitrina

En 2013, invitado por Aldo Álvarez Tostado  fundador de Piedrafuego, Elizalde se unió a un grupo de diseñadores tapatíos para exhibir en el Abierto Mexicano de Diseño. Aquel encuentro detonó una red que hoy agrupa a más de treinta marcas: “Entendimos que competir era extenuante e improductivo; preferimos colaborar y mostrar el diseño local como ecosistema”. Las pop-ups organizadas en el propio estudio funcionan como microferias para curadores, museos y clientes internacionales.

Continuidad generacional

Quizá el logro más celebrado por Elizalde no sea una pieza, sino un relevo: “Los hijos de los artesanos con quienes empecé ya toman el telar, el torno o el martillo con orgullo. Hemos pasado del oficio en riesgo al oficio en expansión”. Ese salto, subraya, requiere reconocimiento económico: cada persona involucrada—del tintorero al carpintero que fabrica un telar—recibe un ingreso justo. “Hablamos de profesiones, no de pasatiempos”.

Proyectos en curso

Pomelo avanza en las amenidades de cuatro torres residenciales —ludoteca, espacio de trabajo, áreas de entretenimiento— conectadas por un plan maestro que prioriza la vida comunitaria y la escala peatonal. Paralelamente, explora múltiples técnicas: vidrio vaciado, textiles de algodón de la mixteca y carpintería semi-artesanal en Guadalajara. “Si un colega domina el soplado, yo busco otra ruta; la diversidad nos fortalece”.

Objetos para el día a día

“Lo más emocionante es que nuestras piezas son de uso cotidiano”, afirma. Una taza de barro torneado, un biombo de cobre, un tapete de lana neutra: objetos que devuelven el contacto con lo hecho a mano.

“Lo precioso no siempre es lo que brilla, sino lo que delimita con intención”.

Ese compromiso: diseñar sin prisa, escuchar la técnica, sostener el oficio; define la ética de Estudio Pomelo. No hay prisa por producir tendencias ni obsesión por la novedad; hay, en cambio, una búsqueda de permanencia. Como dice Elizalde: “Diseñar es expandir una ola virtuosa: que cada pieza lleve consigo la historia de quienes la hicieron posible”.

Crédito material visual: María Laura Castro Morales

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