El exterior se ha convertido en la segunda sala de la casa. Lo que antes era un espacio residual hoy se diseña con la misma intención que un comedor o una sala de estar.
El exterior se ha convertido en la segunda sala de la casa. Lo que antes era un espacio residual hoy se diseña con la misma intención que un comedor o una sala de estar. Las cifras lo confirman: el mercado global de mobiliario para exteriores alcanzó los 50,890 millones de dólares en 2024 y mantiene una curva ascendente; solo en Norteamérica, el segmento ya representa más de 16,500 millones y se proyecta un crecimiento sostenido hacia 2030. A la par, la vivienda nueva refleja esta transformación: la National Association of Home Builders reporta que, en esta misma región, el 64% de las casas construidas en 2023 incluyeron patio, frente al 47% en 2008.
En este escenario cobran relevancia estudios mexicanos como Rokam, que han hecho del concreto un lenguaje para habitar el exterior. Sus piezas que van desde mesas, tinas, hogueras o esculturas ejemplifican cómo el mercado no solo crece en volumen, sino también en sofisticación estética y conceptual.

La preferencia por materiales minerales y acabados honestos como piedra, concreto o terrazos; responde tanto a la exigencia de resistencia climática como al deseo de superficies que sepan madurar con el tiempo. Un ejemplo es la mesa Cono en terrazo de Rokam, que evidencia cómo el concreto puede dialogar con la intemperie y, al combinarse con piezas vegetales como las sillas Cactus de Azotea, construir un equilibrio entre lo natural y la producción humana.
El mercado de hogueras en Norteamérica superó los 3,090 millones de dólares en 2024, con un crecimiento anual cercano al 6%. Más allá de la cifra, la fogata se ha convertido en un núcleo de sociabilidad: casi cuatro de cada diez hogares planean incorporarlas para prolongar el tiempo al aire libre. Ejemplos como la fogata de concreto de 150 × 150 cm cuya instalación exigió despliegues técnicos poco comunes, evidencian cómo estos elementos ya no son accesorios sino infraestructuras de convivencia.

La sofisticación del exterior también se expresa en la incorporación de agua. El mercado de cocinas al aire libre superó los 24,400 millones de dólares en 2024, y junto con él emergen tipologías que expanden la experiencia sensorial. Aquí encajan propuestas como la tina Ana, concebida como un ritual de agua y concreto, que traslada al exterior la idea de refugio y pausa.
Las colecciones exteriores no buscan uniformidad: privilegian el carácter. En este marco, piezas con acabados variables cobran protagonismo. La pieza Ovve, con su degradado de topo a nube, encarna esa búsqueda: cada objeto es distinto y evoluciona con el entorno, un rasgo que responde a la demanda de autenticidad en el mobiliario contemporáneo.

Por último, la frontera entre mobiliario y arte se diluye. La colaboración Ejercicio 4, con PedroFC, es un buen ejemplo: un tótem sobrio y monumental en concreto que, más que decorar, estructura la experiencia del lugar. Este tipo de piezas responde a un mercado que exige objetos con mayor carga simbólica y presencia escultórica.

Las cifras anuncian crecimiento, pero lo relevante es cómo ese crecimiento redefine la manera de habitar: patios y terrazas se diseñan como espacios de convivencia, ritual y contemplación. En México esta tendencia se observa en piezas que convierten materiales como el concreto en lenguaje vivo, capaz de articular tendencias globales en objetos de tradición local que acompañan al clima, al uso y al paso del tiempo.
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