La exposición Guadalajara encuadrada del fotógrafo y arquitecto Leonardo Finotti revela nuevas lecturas del modernismo en Guadalajara a través de la luz, la geometría y el encuadre. Sus imágenes reorganizan la arquitectura para descubrir relaciones invisibles entre forma, ciudad y memoria. Una invitación a detenerse y mirar la ciudad desde otra perspectiva

En Occidente Galería, la exposición Guadalajara encuadrado propone una lectura inesperada de la arquitectura moderna de la ciudad. Realizado en colaboración con FoA Foro Arquitectura y Artlecta, el proyecto reúne una serie de fotografías del arquitecto y fotógrafo brasileño Leonardo Finotti, quien revisita edificios emblemáticos del modernismo local para establecer relaciones visuales entre forma, ciudad y luz.
Las imágenes parten de un gesto aparentemente simple: una fotografía rectangular que posteriormente es recompuesta en formato cuadrado. En ese proceso, Finotti reorganiza las geometrías de cada edificio y construye nuevas relaciones entre fachadas, vacíos, sombras y perspectivas. La mirada de Finotti descubre las estructuras invisibles que organizan el espacio.

“Yo pienso que la luz es lo que orienta todo”, explica el fotógrafo. “Es como una espina dorsal donde todo se estructura.”
En su trabajo, la luz no es únicamente una condición atmosférica sino el principio que revela la lógica arquitectónica de un lugar. A través de ella se ordenan ejes, perspectivas y relaciones espaciales que de otro modo podrían pasar desapercibidas.
Finotti comenzó su carrera hace más de dos décadas explorando la arquitectura moderna y los paisajes urbanos de América Latina. A lo largo de ese tiempo ha desarrollado una práctica que se sitúa en un territorio intermedio entre la fotografía documental y la investigación arquitectónica.

“La fotografía para mí fue mucho más una herramienta personal para parar y ver las cosas”, señala. “Estamos siempre en movimiento y al final no vemos nada.”
En un contexto saturado de imágenes, su trabajo insiste precisamente en lo contrario: la pausa. La cámara se convierte en un instrumento para detener la mirada y reorganizar el entorno.
Ese enfoque explica también su interés por investigar arquitecturas menos documentadas dentro del canon internacional.

“En este mundo donde hay demasiadas imágenes, hay que tener algo propio”, afirma. “Para mí es mucho más interesante hacer algo que no está tan explorado que repetir algo que ya fue hecho muchas veces.”
Esta búsqueda lo ha llevado a trabajar extensamente sobre el modernismo latinoamericano, una tradición que considera aún insuficientemente estudiada fuera de la región.
Uno de los momentos más importantes de su trayectoria fue su colaboración con el Museo de Arte Moderno de Nueva York, donde participó en proyectos expositivos dedicados a la arquitectura latinoamericana.
“Durante varios años trabajé muy cercano a los curadores”, recuerda. “Ellos tenían un punto de vista más teórico y yo uno más directo, más desde la observación.”
Ese cruce entre mirada crítica y experiencia visual directa define gran parte de su obra.

La exposición en Guadalajara dialoga además con una característica particular de la arquitectura latinoamericana: la intensidad de su luz.
Finotti explica que las condiciones lumínicas del continente producen una experiencia espacial distinta a la de otros contextos.
“En el norte de Europa la luz suele ser muy plana”, comenta. “Aquí, en América Latina, la luz es fuerte, dura. Eso permite transformar la arquitectura en esculturas solares.”
Las superficies de concreto, los volúmenes geométricos y los vacíos urbanos reaccionan de forma distinta ante esa luminosidad intensa. En las fotografías de Finotti, esas condiciones se convierten en materia compositiva: sombras que recortan planos, diagonales que estructuran el encuadre, reflejos que transforman la percepción del espacio.
Más que registrar edificios, sus imágenes buscan revelar relaciones.
La arquitectura aparece entonces como parte de un sistema mayor que incluye ciudad, paisaje y memoria.

Finotti sostiene que la forma en que una sociedad protege su arquitectura es también un indicador de cómo entiende su historia.
“La principal diferencia entre un país desarrollado o no es el cuidado de su memoria.”
Ese interés por la memoria explica por qué el fotógrafo dedica una parte importante de su trabajo a revisitar el legado moderno del continente.
“En mi trabajo hay como dos pilares”, explica. “Uno es revisitar el modernismo. El otro es observar contextos más informales, donde mi forma de mirar es organizar el caos.”
Ambas aproximaciones parten de una misma intención: encontrar estructura dentro de la complejidad.

En Guadalajara encuadrado, esa estructura se construye a partir de encuadres que enfatizan simetrías, contrastes y continuidades entre edificios.
El gesto de transformar las fotografías rectangulares en composiciones cuadradas refuerza ese propósito: eliminar jerarquías visuales para que las formas arquitectónicas dialoguen entre sí.
La ciudad aparece entonces como una red de relaciones geométricas más que como un conjunto de objetos aislados.
En ese sentido, la exposición no solo retrata la arquitectura moderna de Guadalajara. También propone una forma distinta de mirarla. Una mirada que, como sugiere Finotti, comienza con un gesto simple pero cada vez más raro en el mundo contemporáneo: detenerse.

Crédito material visual: ForA Foro Arquitectura
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